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En una startup, cada presupuesto importa y cada proceso que consume tiempo es un proceso que no escala. KURU ofrece tarjetas corporativas Mastercard para que las startups ordenen sus gastos desde el primer empleado, sin necesidad de cuenta bancaria corporativa, sin burocracia de aprobación bancaria y sin los procesos de rendición manual que consumen tiempo del equipo fundador cuando debería estar enfocado en crecer.
La mayoría de las startups en etapa temprana gestionan sus gastos corporativos con una combinación que no escala: tarjetas personales de los fundadores usadas para gastos de empresa, transferencias a empleados para que adelanten gastos y pidan reembolso, y una hoja de cálculo que alguien actualiza cuando tiene tiempo. Ese sistema funciona con tres personas pero colapsa con diez, y el momento en que colapsa suele ser exactamente cuando la startup más necesita foco y velocidad.
Con KURU podés emitir tarjetas corporativas para cada miembro del equipo desde el día uno, con el saldo y las reglas de uso que corresponden a su rol. El fundador o el responsable de finanzas define quién puede gastar qué y en qué categorías, y el control opera de forma automática sin necesidad de aprobar cada transacción manualmente.
KURU no requiere que la startup tenga una cuenta bancaria corporativa. La plataforma opera con tarjetas corporativas Mastercard: la empresa carga el saldo que necesita y lo distribuye entre las tarjetas del equipo. Ideal para startups en etapa temprana que todavía no tienen toda su estructura bancaria corporativa definida.
El founder o CFO tiene visibilidad de cada transacción del equipo en el momento en que ocurre, desde el dashboard o la app. Sin esperar resúmenes, sin perseguir comprobantes y sin sorpresas a fin de mes. Cuando la startup está quemando runway, saber exactamente cómo se está gastando el dinero en tiempo real no es un lujo: es una necesidad operativa.

Sí. KURU opera con diferentes tipos de tarjetas, entre ellas tarjetas prepagas Mastercard que no requieren cuenta bancaria corporativa ni aprobación crediticia. La startup carga el saldo en la plataforma de gestión de gastos de KURU y lo distribuye entre las tarjetas del equipo. Es ideal para startups en etapa temprana que todavía no tienen toda su estructura bancaria corporativa definida.
Sí. Con KURU cada founder y cada empleado tiene su propia tarjeta corporativa prepaga con el saldo y las reglas de uso configuradas para su rol. Se eliminan las tarjetas personales usadas para gastos de empresa, los reembolsos manuales y la pérdida de trazabilidad que generan ambas prácticas.
La implementación básica de KURU, que incluye la configuración de la cuenta, la emisión de las primeras tarjetas y la definición de las reglas de gasto iniciales, puede completarse en pocos días hábiles. No requiere integración técnica inicial ni intervención de un equipo de IT para empezar a operar.
Sí. Emitir una tarjeta nueva tarda segundos y configurar sus reglas de uso tarda minutos. El dashboard centraliza todas las tarjetas del equipo en la misma vista independientemente del tamaño. No hay cambio de herramienta ni migración de datos cuando el equipo crece de 5 a 50 personas, así como para startups, KURU es la tarjeta corporativa para Pymes y grandes compañias.
Sí. Las tarjetas KURU funcionan en cualquier plataforma online que acepte Mastercard, incluyendo Google Ads, Meta Ads, AWS, plataformas SaaS y cualquier otro servicio digital. Podés configurar tarjetas específicas para cada tipo de gasto digital con límites y categorías definidas, lo que da control granular sobre uno de los mayores rubros de gasto de las startups tecnológicas.
Sí. Las tarjetas corporativas KURU son físicas o virtuales y operan en cualquier comercio Mastercard a nivel nacional e internacional. Para equipos remotos o distribuidos, las tarjetas virtuales están disponibles de forma instantánea y pueden usarse en cualquier plataforma online sin necesidad de entrega física.
Desde el primer empleado. El momento ideal para implementar KURU es antes de que el gasto corporativo se vuelva difícil de rastrear, no después. Ordenar el gasto desde el día uno evita la acumulación de malos hábitos operativos que luego son costosos de corregir cuando el equipo crece.