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La caja chica en efectivo funciona cuando la empresa tiene tres empleados y un solo punto de operación. A medida que crece, el efectivo genera tres problemas que se amplifican con el tamaño: falta de trazabilidad, riesgo de pérdida y uso indebido, y un proceso de liquidación mensual que consume tiempo sin agregar valor.
Antes de reemplazar la caja chica, hay que entender qué gastos se hacen con ella. Durante un mes, registrá cada gasto con su categoría, monto y área. El patrón es siempre el mismo: 80% de los gastos son recurrentes y predecibles, 20% son imprevistos. Este mapeo define qué categorías habilitar en la tarjeta prepaga y qué monto de saldo inicial configurar.
Con el mapeo en mano, el proceso en KURU es directo. Se emite una tarjeta por área con el saldo correspondiente y las categorías habilitadas: materiales de oficina, limpieza, servicios menores, gastronomía para reuniones. Las reglas bloquean el efectivo y limitan las transacciones atípicas. El responsable del área recibe la tarjeta y opera con ella para todos los gastos que antes hacía con caja chica.
El responsable fotografía cada comprobante con el celular inmediatamente después del pago. El comprobante queda vinculado automáticamente a la transacción. Al cierre del mes no hay liquidación manual porque todo está documentado. Cuando el saldo se acerca al límite, el área de administración lo repone desde la plataforma en segundos sin trámites bancarios.
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Representa menos del 10% de los gastos típicos de caja chica. Para esos casos, KURU permite adjuntar el comprobante del gasto en efectivo a una transacción manual, manteniendo la trazabilidad aunque el pago no haya pasado por la tarjeta.
No hay liquidación de caja chica, no hay tickets en sobre, no hay gastos sin respaldo y no hay discusiones sobre si el gasto estuvo dentro de política. Todo lo que se gastó está en la plataforma con su comprobante adjunto, listo para el cierre contable.